necesidad paternalista de asignarles un tutor varón, para protegerlas física y
jurídicamente.234 Este sistema es el que De Lucas denuncia mediante su descripción del
síndrome de Atenas, entendido como un modelo de progreso y de ideales democráticos,
de libertad, y de bienestar que hoy son considerados universales, pero cuya estructura se
fundamenta en un sistema institucionalizado de exclusión que afecta a barbaros, mujeres
y esclavos. La apariencia de democracia, progreso y civilización contrasta así con el
trasfondo de prohibición, esclavitud y marginación de colectivos. Se trata de una
constante desde el surgimiento de la democracia, mediante el lema “todos somos iguales,
pero unos más que otros” y la categorización de seres humanos, con unos otros cuyo
“espacio natural es la invisibilidad, la precariedad, su capacidad de ser sustituibles”.235
También la filosofía política clásica dibuja una ciudadanía exclusiva y excluyente. En La
República, Platón establece su plan para el logro de una ciudad estable y armonizada en
la que no todas las personas estaban en pie de igualdad y, por lo tanto, gozaban de los
mismos derechos; así, estratificó la sociedad en cuatro clases y distinguió tres categorías
de ciudadanos -guardián, soldado, productor-.236 Dicha igualdad se daría entre los
ciudadanos, pero no entre toda la población, y es que Platón estaba en contra de la
democracia y se posicionó en contra del pago por ejercer cargos públicos introducido por
Pericles, al entender que había creado a “atenienses perezosos, cobardes, habladores e
interesados”.237 Asimismo, recomendaba la ciudadanía espartana, pero no su brutalidad,
sino por su orden, estabilidad, austeridad y por basarse en la esclavitud, lo cual permitía
evitar que los ciudadanos realizaran trabajos manuales.238
234
MARTIN, T. R. (2000). Op. cit., pp. 61-68 y 114.
DE LUCAS MARTÍN, J. (2003). Op. cit., p. 60; y DE LUCAS MARTÍN, J. (2015). Mediterráneo: el
naufragio de Europa. Valencia: Tirant lo Blanch, p. 32. Este autor lo define como “comunidad política que
goza de condiciones particularmente favorables de libertad y satisfacción de las necesidades de sus
ciudadanos miembros, que incluso se presentan como agentes soberanos en la asamblea; de una comunidad
que produce algunos de los universales de los que todavía vivimos, y que consigue todo eso gracias a un
sistema que institucionaliza la exclusión, prohibiendo el acceso, la pertenencia y el reconocimiento como
sujetos a la mayoría: a los extranjeros (bárbaros), a las mujeres y a los esclavos”.
236
ROMÁN, E. (2010). Op. cit., pp. 16 y ss.
237
PLATÓN (1871). Gorgias o de la retórica. En Obras completas de Platón, Tomo V, edición de Patricio
Azcárate (págs. 113-282). Madrid: Medina y Navarro, p. 262.
238
HEATER, D. (2004). Op. cit., p. 14.
235
83
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