permanentes y la incorporación de algún tipo de ciudadanía primitiva gracias al ejercicio
de la territorialidad, la desigualdad y la exclusión fueron evidentes. Si bien es cierto que
los cronistas de la historia de la humanidad han vivido y operado en nombre de los
Estados y que, por lo tanto, no sea sorprendente que la narrativa sobre la ciudadanía y la
historia política haya omitido a la gran mayoría de personas que han sido apátridas,185 hay
vestigios de un trato diferenciado al extranjero desde las más antiguas civilizaciones. No
hay información suficiente para conocer plenamente el estatuto jurídico que se otorgaba
a los ciudadanos y a los foráneos en aquella época; sin embargo, sí tenemos constancia
de actitudes hacia estos últimos en aquella época que vislumbran el ejercicio de la
dicotomía schmittiana Freund - Fiend. De ello es lógico pensar que el primer ejercicio
práctico de la ciudadanía fuera exclusivo para las personas nativas.
En Mesopotamia, el lenguaje sumerio usaba palabras para definir lo extranjero estaban
relacionadas con la ida de fuera, extraño y hostilidad, presumiblemente porque era fuera
desde donde venía la gente hostil y extraña. Así, la palabra empleada para designar a las
personas extranjeras, kur, significaba a la vez extranjero y enemigo; contrasta con el
empleo de la misma raíz, lu, para referirse al ser humano (lullu) y a los ciudadanos
(awilum).186 En esta región, se entiende que ya había asambleas de hombres con cierta
influencia sobre el rey.187 Cabe destacar que la primera referencia a la institución de la
ciudadanía se da con respecto a la ciudad de Karkemish, en la que los ciudadanos vivían
junto a personas que tenían autorización para vivir en su interior. En el resto de ciudades
de Mesopotamia, se cree que las personas no ciudadanas tenían permiso para residir en el
puerto (kâru), en el exterior de la ciudad en sí. Las ciudades estaban organizadas por
asambleas de ciudadanos libres, con funciones poco claras, y con una composición
desconocida, aunque se presume que, al menos originariamente, todos los propietarios
podían participar en ella. La figura de la ciudadanía (kidinnûtu) contenía una serie de
185
DIENER, A. C. (2017). Op. cit., p. 40.
POO, M-C. (2005). Enemies of Civilization: Attitudes Toward Foreigners in Ancient Mesopotamia,
Egypt and China. Nueva York: State University of New York Press, pp. 39-41.
187
MARTIN, T. R. (2000). Ancient Greece: From Prehistoric to Hellenistic Times. New Haven: Yale
University Press, p. 71.
186
73
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