pertenencia y de la participación pública en una comunidad política. Se trata de una grave
violación directa de un derecho humano, e indirectamente, una vulneración prolongada
del resto de derechos para los cuales una nacionalidad es requisito indispensable, a pesar
de la humanidad de aquellos.
Existen millones de personas apátridas en el mundo. Se desconoce, no obstante, la
magnitud exacta o incluso aproximada, precisamente por la desatención de la comunidad
internacional a esta materia hasta épocas recientes. El Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Refugiados (“ACNUR”) cifra en más de cuatro millones el número de
personas carentes de una nacionalidad en el mundo, pero reconoce que el número es
probablemente mucho mayor, y en ese mismo sentido se posicionan otras organizaciones
internacionales. Precisamente el ACNUR, conforme a su mandato de apatridia, ha puesto
el foco sobre este problema recientemente y ello ha permitido que la comunidad
internacional comience a centrar su atención en la identificación de poblaciones apátridas,
su protección, y en la reducción y prevención de la apatridia, especialmente la infantil.
Su Plan de Acción Mundial para Acabar con la Apatridia (2014-2024) ha logrado el
compromiso de numerosos Estados para poner fin a este grave problema de carencia de
derechos humanos que supone la no pertenencia a una comunidad política. El mensaje de
la campaña del ACNUR es claro en favor de la inclusión de las personas afectadas por
este grave problema: I Belong (“Yo Pertenezco”). Su objetivo también: poner fin a todo
riesgo y situación de apatridia para el año 2024. Porque, al no estar en posesión de una
nacionalidad, estas personas no pueden ejercer derechos de ciudadanía. Se encuentran al
margen de las leyes. Son excepciones y anomalías jurídicas y, por ende, sociales. Son, en
muchos casos, invisibles, y es habitual que sean también invisibilizadas. Cada vez son
más los Estados que se han adherido a los principales instrumentos internacionales
diseñados para proteger a personas apátridas, y para prevenir y reducir la apatridia. Sin
embargo, este problema no deja de aumentar en un mundo en constante conflicto, en un
contexto de desplazamiento humano sin precedentes y con riesgos de apatridia que no
cesan.
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