político.309 Sin embargo, el hecho de que quienes defienden una identidad étnica original precursora de la cultura nacional hablen de mitos compartidos como elemento de la definición de nación incide en su elemento de artefacto y su innaturalidad (Hobsbawm y Eriksen), y permite describir un proceso homogeneizador de ingeniería social (Hobsbawm)310 que, siguiendo la tesis Gellner, pretende lograr una cultura, una educación y una comunicación únicas a través de elementos preexistentes que no se ajustan a la realidad. Se trata de mitos y, a través ellos, se busca una identidad nacional, única, exclusiva, pura y distintiva. Dicha identidad reposa sobre la base de una etnicidad ficticia y la misión transhistórica de transmitir de generación en generación un símbolo propio, como la lengua, o el “sueño” nacional.311 Así, nos encontramos ante el propio mito de la identidad, introducido por el Estado-nación como herramienta para su creación y posterior supervivencia. Se trata de un mecanismo con una doble función contradictoria, puesto que sirve tanto como generador de cohesión como mecanismo de exclusión. Asimismo, hace referencia al “dogma político por antonomasia, la moderna noción de ciudadanía, y a su vínculo con la nacionalidad, tal y como la heredamos de la Revolución francesa, que está en el origen de nuestras concepciones del Estado, del Derecho, de la ciudadanía, es decir, en el núcleo del vínculo social mismo”.312 "No hay identidad 'idéntica a sí misma' y toda identidad es fundamentalmente ambigua";313 es “la permanencia y el cambio, lo propio como dado y lo propio como adquirido, como aquello construido por el esfuerzo del sujeto que así se esculpe a sí mismo según el ideal de autonomía” y “la realidad no es solo forma mentis, sino también realidad existencial”, por lo que es un “error (…) buscar esencias identitarias, totales, estáticas, excluyentes, esenciales, mediante la identificación de atributos y propiedades constantes y estables, constitutivos de entidades inmutables”.314 309 MILLER, D. (1995). Op. cit., pp. 30-31. Recordemos que Eriksen defiende que la nación no es un fenómeno natural, y que Hobsbawm afirma que es un constructo, y, por lo tanto, artificial y producto de ingeniería social. En ERIKSEN, T. H. (1991). Op. cit., p. 266; y HOBSBAWM, E. (1991). Op. cit., p. 18. 311 BALIBAR, E. (2005). Op. cit., p. 72. 312 DE LUCAS MARTÍN, J. (1996). Op. cit., p. 21. 313 BALIBAR, E. (2005). Op. cit., p. 62. 314 DE LUCAS MARTÍN, J. (2003). Op. cit., pp. 20-21. 310 101

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