frente a otros. Por ello, se hace énfasis en esa tradición o cultura común hasta el grado de
alegar la existencia de una cultura pura, propia, única, y no compartida por el resto, que
puede ser contaminada por el contacto con miembros externos. Este es el patrón seguido
por los Estados modernos como Estados nacionales durante su proceso constitutivo, pero
también durante su existencia. Estos han buscado lograr una homogeneidad social en el
sentido de cultural, lingüística, religiosa, pero no económica o social en el sentido de
igualdad de fin de los estamentos o clases. El Estado-nación “impone coactivamente una
unidad religiosa, moral y cultural mediante el ejército, y, sobre todo, mediante la
unificación jurídica que hace posible el sometimiento universal a un poder central y la
erradicación de toda pauta o conducta que se oponga al proceso de unificación (…) que
alcanza también a la cultura cotidiana para que haya solo un espacio de comunicación
comunitaria, persiguiendo toda diferencia, toda herejía”.297
Este afán por unificar todos esos elementos, y especialmente el de la cultura, favoreció la
creación del Estado-nación, pero también contribuyó al funcionamiento del proceso de
industrialización que lo fortaleció: una cultura, una comunicación y una educación única
representaban los medios más eficaces para proteger al Estado.298 El nacionalismo, que
Gellner identifica como el principio político que busca la congruencia entre la unidad
política y la unidad nacional, apoyó el ideario de una cultura nacional pura, pero lo hizo
empleando culturas ya existentes de manera selectiva, y transformándolas
posteriormente: reviviendo idiomas o inventando tradiciones.299 Se destaca así el
“elemento de artefacto, invención e ingeniería social que interviene en la construcción de
naciones”, destacado por Hobsbawm.300 Consideran estos dos autores, además, que es el
nacionalismo el que crea las naciones, y no al revés;301 en todo caso, el nacionalismo es
“la ideología orgánica del Estado-nación o (…) de la época del Estado-nación como forma
dominante” que funciona como esquema ideológico de comunidad total.302 En ese
297
DE LUCAS MARTÍN, J. (1996). Op. cit., pp. 23-24.
GELLNER, E. (1983). Nations and Nationalism. Oxford: Blackwell, pp. 35 y ss.
299
Ibíd., pp. 1 y 55-56.
300
HOBSBAWM, E. (1991). Op. cit., p. 18.
301
Ibíd., p. 18. También GELLNER, E. (1983). Op. cit., p. 55.
302
BALIBAR, E. (2005). Op. cit., pp. 67 y 73.
298
99
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