Sin duda, su discípulo Aristóteles tuvo un gran impacto e influencia en el desarrollo del concepto de ciudadanía, tanto en su época como en periodos históricos más recientes. Al igual que su maestro, opina que la ciudadanía es incompatible con los trabajos manuales y con ganarse la vida,239 aunque difiere de Platón en su concepción de la ciudadanía espartana como modélica; considera Aristóteles que Esparta potencia solo una virtud de su ciudadanía, la de la guerra: los ciudadanos espartanos no tenían ninguna otra disciplina fuera del campo de batalla.240 La ciudadanía exigía una virtuosidad (areté) que iba más allá de la guerra. Aristóteles habla del hombre como un “animal político o civil”241 y de la polis como su lugar natural.242 En su obra, indica que los ciudadanos, que son los miembros que componen el Estado, debían ser hombres de ascendencia conocida, patriarcas, guerreros y maestros del trabajo de otros; esta postura elitista, como avanzábamos, implicaba la incompatibilidad entre la ciudadanía y la realización de un trabajo manual, ya que entendía que solo el hombre virtuoso podía participar y ejercer cargos públicos, lo cual excluía a las clases bajas y trabajadoras al considerar que estas personas carecían de las facultades y excelencia requerida para llevar a cabo las tareas de ciudadano; no obstante, y aunque en el Libro VII excluye expresamente a artesanos y comerciantes, aceptó la admisión como ciudadanos de todos los hombres libres, independientemente de su ocupación, tal y como sucedía en Atenas. Pero ello no impidió a Aristóteles establecer grupos de personas no ciudadanas o subordinadas que quedaban justificadamente excluidas de la participación política: los metoikos, los periokoi (hombres libres no ciudadanos de Esparta), los ciudadanos “desnaturalizados”, los jóvenes, los ancianos, y la mujer.243 3.5. Ciudadanía romana En Roma se desconoce la existencia de prohombres como Licurgo o Solón que instaurasen la ciudadanía romana, si bien se asume que esta ya estaba en pie, de alguna 239 ROMÁN, E. (2010). Op. cit., p. 18. HEATER, D. (2004). Op. cit., p. 12. 241 ARISTÓTELES (1988). Política (Libro III). Madrid, Editorial Gredos, p. 168. 242 MARTIN, T. R. (2000). Op. cit., p. 55. 243 ROMÁN, E. (2010). Op. cit., pp. 17 y ss. 240 84

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