que describen un vínculo jurídico-político entre una persona y un Estado determinado. Sin embargo, la nacionalidad tiene ese nexo de unión de naturaleza política precisamente por la ciudadanía, aspecto fundamental enmarcado dentro de aquella y que es, en esencia, el elemento político de la nacionalidad. Tanto una como otra tienen ese lazo de unión con el Estado desde un punto de vista jurídico y político, pero este es más o menos marcado dependiendo de la figura concreta analizada. En efecto, la nacionalidad es principalmente un vínculo jurídico, entre una persona y una comunidad en forma de Estado, y que permite a los titulares que reúnen una serie de requisitos, el ejercicio pleno de derechos políticos. Esto es precisamente la ciudadanía, que no deja de ser un nexo jurídico con el Estado precisamente por su vinculación con la nacionalidad y con las leyes políticas del país en cuestión, pero que supone, fundamentalmente, la titularidad de los derechos políticos que conlleva estar en posesión de una nacionalidad y el cumplimiento de dichas exigencias legales para su disfrute. Armstrong considera que la ciudadanía comenzó siendo una experiencia identitaria de participación local en entidades políticas de pequeña dimensión, y cuyo desarrollo, así como el refuerzo de la identidad social de quien la poseía ha derivado en que la ciudadanía sea la base de muchas, si no todas, las identidades más amplias.174 Tanto esta como la nacionalidad son poderosas herramientas de inclusión (endogrupo) y exclusión (exogrupo). El favoritismo endogrupal deriva en prejuicios positivos con respecto a la propia nacionalidad, y el efecto de homogeneidad del exogrupo puede ser visto como un riesgo para el propio grupo que requiere de una constante actualización de la identidad endogrupal como comunidad con una distintividad propia, exclusiva, y, por lo tanto, excluyente. El poder de la necesidad de pertenencia como elemento esencial de la socialización humana convierte a la exclusión social en una gran amenaza para el bienestar psíquico de todo ser humano, o, como diría Arendt, en un arma social.175 174 ARMSTRONG, J. A. (1982). Nations before Nationalism. Chapel Hill: The University of North Carolina Press, p. 93. 175 ARENDT, H. (1994). Op. cit., p. 118. 70

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