burocratizada y centralizada dieron un fuerte impulso a la nacionalidad, a la cual el autor cataloga como una solidaridad secular que, dentro del contexto del nacionalismo, reemplazaba la simbología y solidaridad religiosa.294 En España, durante el siglo XVIII, se seguía empleando el término “ciudadano”, en el sentido de “vecino” para referirse a un estatuto jurídico hereditario que también se ofrecía a aquellas personas que vivían en el reino y que, o bien estaban casadas con un ciudadano o tenían una vivienda en propiedad. Los ciudadanos españoles estaban obligados a pagar impuestos y a participar en las reuniones locales o concejos abiertos.295 De hecho, en español, hasta la edición de 1884 del Diccionario de la lengua castellana de la Real Academia Española, “nación” era definida como “la colección de los habitantes en alguna provincia, país o reino”, así como “Estado o cuerpo político que reconoce un centro común supremo de gobierno”, y también como “territorio que comprende, y aun sus individuos, tomados colectivamente, como conjunto”. No fue hasta 1925 cuando se introduce plenamente el concepto moderno de “nación” que toma elementos de Herder y Fichte: “conjunto de personas de un mismo origen étnico y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común”.296 Esta es la tercera acepción vigente del término, con la salvedad de que la actual ha eliminado la palabra “étnico” de la definición. La palabra común presente en dicha definición nos habla de tradiciones compartidas. Se trata de un término empleado por los nacionalismos para defender la idiosincrasia de la nación que pretender defender. Sirve para marcar una distintividad propia del endogrupo democracia es el sistema político que mejor se ajusta a lo que hoy se entiende por individuo, ya que es aquella vida colectiva de reflexión lo que le permite trascender y superar su naturaleza animal, así como convertirse en un ser activo, consciente y conocedor de los hechos que le rodean. Precisamente este ajuste a las necesidades del individuo y su potencial para lograr su pleno desarrollo social y político hace de la democracia un elemento que permite unir al Estado con el individuo. Este aparato deja de ser un ente extraño, y la vida de uno y de otro se vinculan. En DURKHEIM, E. (1958). Professional Ethics and Civil Morals. Glencoe: The Free Press, pp.89-91. La democracia es, por lo tanto, una herramienta que refuerza la presencia del Estado moderno, que fomenta que las personas se involucren en los asuntos públicos y políticos, y que se sientan parte de dicho Estado, como miembros necesarios para su existencia. Deja de entenderse como algo ajeno e impuesto para pasar a ser resultado de la voluntad y el deseo de la ciudadanía. 294 TURNER, B. S. (1993). Outline of a Theory of Human Rights. En TURNER, B. S. (ed.), Citizenship and Social Theory (págs. 162-190). Londres: Sage Publications, p. 177. 295 PRAK, M. (2018). Op. cit., p. 32. 296 HOBSBAWM, E. (1991). Naciones y nacionalismo desde 1780. Barcelona: Grijalbo Mondadori, pp. 23-24. 98

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