Introducción El COVID ha revelado las desigualdades preexistentes en cada sociedad. El último Informe de Desarrollo Humano 2020 “La próxima frontera: El Desarrollo Humano y el Antropoceno” (PNUD 2021) destaca que el país pierde 21 puntos en la medición del desarrollo humano debido a las crecientes desigualdades. Los niveles de desigualdad social prevalentes en el país incrementan la vulnerabilidad de determinados grupos de personas, no solo por las inequidades en los ingresos, sino también por el acceso diferenciado a servicios básicos, salud y protección social. Dentro de estos grupos en situación de vulnerabilidad sobresalen las poblaciones de inmigrantes y sus descendientes, en especial aquellas que se encuentran en una situación de irregularidad migratoria o sin documentación que acredite su nacionalidad dominicana. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL 2016), existen tres ejes estructurantes de la desigualdad social en América Latina: las desigualdades étnicas y raciales y su cruce con las desigualdades de género; el encadenamiento de las desigualdades a lo largo del ciclo de vida y las desigualdades territoriales. En el contexto dominicano, donde se observa una desigualdad estructural a lo largo de su población, la condición tanto de la población haitiana como la población descendiente en situación de apatridia propicia un mayor nivel de desventaja. En la República Dominicana una dimensión importante de la desigualdad social sigue siendo el acceso a documentación de identidad para migrantes y sus descendientes nacidos en el país. La documentación de identidad facilitaría su acceso a la salud y programas de protección social, que son servicios que salvan vidas en momentos críticos como el actual. ¿Cómo la República Dominicana puede subsanar los problemas históricos de exclusión social para construir un futuro mejor? Este research brief resume los hallazgos de un estudio sobre los impactos del COVID-19 en la población migrante haitiana y sus descendientes en la zona sur de la franja fronteriza en República Dominicana. El propósito es apostar por la reanudación del diálogo sobre el asunto urgente de regularización migratoria y acceso al registro civil para dominicanos/as que residen en las zonas más marginadas del país, no solo como tema de derechos humanos sino también como asunto pragmático de reconocimiento de la interdependencia de nuestra salud y bienestar colectivo. Cabe notar que el 1 de abril de 2021 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió sus primeras recomendaciones hacia los Estados sobre la participación de las fuerzas militares en los procesos migratorios en las fronteras. Los instó a adoptar políticas “que estén orientadas a respetar y garantizar los derechos humanos de las personas migrantes, refugiadas y con necesidades de protección”, que respeten la unidad familiar y el principio de no devolución. Destacó una serie de medidas dispuestas por los Estados que deben cesar inmediatamente porque constituyen una amenaza para las personas migrantes y refugiadas. Estas recomendaciones son oportunas a la luz de los nuevos retos emergentes a lo largo de América Latina y el Caribe respecto a fronteras en tiempos pandémicos. Con la crisis de salud que persiste nota lo siguiente. Resumen de Investigación: Impactos del COVID-19 en la población haitiana y sus descendientes en la zona sur de R.D. 11

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