una nacionalidad claramente determinada, algo que también redunda en el beneficio de
estas, debido a los derechos que emanan de ella.
La institución de la nacionalidad ha encontrado en el sentimiento de pertenencia un gran
aliado. Este último es un motivo básico del ser humano y que, junto con el sentimiento
de identidad, entre otros, moviliza la conducta de toda persona. Adquirir una nacionalidad
implica la adhesión a un grupo definido por la adscripción a una comunidad política
determinada. Existen muchos colectivos reunidos por distintos motivos, como
asociaciones religiosas, culturales o deportivas, pero la nacionalidad, a diferencia de todos
ellos, está claramente definida. Carece, en principio, de límites difusos y, también en
principio, afecta a todas las personas que habitan la tierra. Efectivamente, en teoría, todas
las personas deberían tener una nacionalidad en un mundo en el que todo el territorio, con
excepción de las áreas calificadas como terra nullius,3 forma parte de un Estado soberano
que confiere su nacionalidad a quienes considera miembros de su comunidad.
La realidad es bien distinta, y es que existen millones de personas excluidas, que no
pertenecen, que no forman parte de una comunidad política, que se encuentran siempre
al otro lado de la frontera, que están siempre en territorio extranjero; son invisibles e
invisibilizadas, son olvidadas y relegadas a un segundo o tercer plano; no están
representadas en el mundo dividido en Estados, no encajan; no participan en el juego de
derechos y deberes antes mencionado; son apátridas, personas a quienes ningún Estado
reconoce como nacionales. Carentes de nacionalidad, son extraterrestres en la tierra. La
distinción entre nacionales y extranjeros que permite un trato desigual entre ambas
categorías aceptado por el derecho internacional no tiene en cuenta una perspectiva
completa de la situación. Así, hay personas nacionales en su propio Estado, únicas
habilitadas para ejercer los derechos de ciudadanía en plenitud; también personas
nacionales que se encuentran en otro país, es decir, extranjeras; pero existe un último
3
Según COLLIS existe debate acerca de parte de la Antártida Occidental como única terra nullius que
permanece en la actualidad. En COLLIS, C. (2017). Territories beyond possession? Antarctica and Outer
Space. The Polar Journal, 7(2), p. 293.
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