España no es ajena a esta situación. Miles de personas en el territorio español son hoy
apátridas, y aunque la identificación de estas ha mejorado desde la introducción de un
procedimiento de reconocimiento del estatuto de apátrida, las cifras varían entre las
distintas fuentes, lo cual reafirma la tesis de que la apatridia no ha sido ni es todavía hoy
una prioridad. Ello reitera la necesidad de abordar la cuestión con un enfoque en la
identificación de poblaciones apátridas, para conocer sus causas, sus consecuencias, y así
ofrecer una protección adecuada a sus necesidades, y diseñar políticas efectivas
encaminadas a su reducción y prevención. El caso del Estado español cobra una especial
relevancia al ser uno de los pocos Estados en el mundo con un procedimiento como el
referido anteriormente. No son muchos los gobiernos que se han adherido a los
principales instrumentos internacionales dirigidos a proteger a apátridas y a reducir y
prevenir la apatridia, pero menos son los que han establecido un sistema específico de
protección o un estatuto de apátrida a tal efecto.
El tratamiento de la apatridia suele ser incidental al asilo y al refugio, tanto en el ámbito
político, como en el social o el académico. Tampoco ha sido ni es una cuestión mediática.
Existe desconocimiento en esta materia en comparación, precisamente, con aquellas dos
figuras, cuya reciente prominencia ha marcado aún más esa distancia. Sin embargo, la
apatridia tiene una especial relevancia, tanto en su dimensión jurídica como humana. No
se trata solo de la carencia de un derecho humano, como la nacionalidad, cuya denegación
impide la realización del resto de derechos humanos de forma efectiva, sino que se hace
referencia a la apatridia como causa y consecuencia de una exclusión prolongada. De ahí
que “el derecho a tener derechos” postulado por Arendt cobre también sentido en este
contexto.
Para llegar hasta la apatridia, inicié precisamente el camino en el campo del asilo y del
refugio con Arendt. Mi trabajo como abogado de protección internacional y en labores de
incidencia en derechos humanos me ha dado la oportunidad de conocer de primera mano
la apatridia en España, y a personas afectadas por ella. Me fui acercando gradualmente a
ella, primero con curiosidad, y, posteriormente, con verdadero interés. Finalmente, con la
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