INTRODUCCIÓN La apatridia es un fenómeno global que caracteriza y afecta a las personas carentes de una nacionalidad, es decir, del vínculo jurídico-político esencial para el desarrollo pleno de la ciudadanía, para el logro del sentimiento de pertenencia en una comunidad política, y para el normal funcionamiento del Estado moderno. La apatridia no es una figura nueva. Se manifestó de forma dramática al principio y a mediados del pasado siglo como consecuencia de los graves conflictos bélicos y del desplazamiento humano forzado. La apatridia es tan antigua como la institución de la nacionalidad, pero su esencia, la de la exclusión, es tan antigua como la civilización. La ciudadanía clásica y medieval, a la vez que reunía, aglutinaba e incluía, privaba y, fundamentalmente, excluía. La división del mundo en fronteras, y la delimitación de la jurisdicción personal de cada Estado a través de la nacionalidad siguió el camino marcado por la ciudadanía. La persona nacional frente a la persona extranjera, como categoría cuyos miembros tienen derechos limitados por motivo de su origen. Sin embargo, en principio, tienen una nacionalidad. Pero hay personas que no se encuentran en ninguna frontera. Están siempre en el margen, y nunca dentro. La doble función de la nacionalidad, su inclusión y su exclusión, no opera plenamente para aquellas, a quienes solo les afecta su segunda vertiente. No se puede hablar de apatridia sin abordar, a su vez, la nacionalidad. Consagrada como un derecho humano por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se erige como un elemento crucial y habilitante para el ejercicio efectivo del resto de derechos básicos que en ella se recogen. En el contexto del Estado-nación, poseer una nacionalidad, entendida esta como el nexo de unión jurídico entre la persona y aquel Estado, y que tiene, a su vez, consecuencias en la esfera política y social de aquella, puede convertirse en la llave para acceder al mundo de los derechos. El “derecho a tener derechos” de Arendt en el contexto de las personas refugiadas se hace extensivo al de las apátridas, privadas de un espacio en el mundo jurídico y político, y, como consecuencia, marginadas en el social y económico. La exclusión referida es profunda y se extiende más allá del sentimiento de 13

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