El concepto de nacionalidad, tal y como hoy la entendemos, se desarrolló gradualmente favorecido por ese nuevo sistema de estatalidad, y por la proliferación de Estados-nación, que se sirvieron de la nación y del nacionalismo para favorecer la centralización del poder político y protegerse frente al pluralismo y la diversidad mediante una cultura, educación y lenguaje común que afianzara su control sobre los habitantes nacionales de su territorio. El mundo se dividió en Estados soberanos y nacionalidades, y aquellos tenían la potestad para elegir quiénes merecían formar parte de su comunidad; es decir, quiénes eran sus nacionales. Así, el Estado-nación se basa en la contraposición entre nacionales y extranjeros, y la exclusión de estos últimos, a través de una soberanía que se entiende como un mecanismo de exclusión justificado: debido a que tiene la competencia para delimitar la nacionalidad, el Estado nacional puede determinar a quién excluir a través de su soberanía. El Estado moderno en forma de Estado-nación se comporta como una “máquina de exclusión”.281 Así, mientras las fronteras operan como barreras físicas que demarcan los límites territoriales de la soberanía estatal, la nacionalidad funciona como muro abstracto que delimita los límites humanos y crea, de este modo, categorías de personas; fuera de dichos límites hay territorio extranjero, soberanía extranjera, y personas extranjeras.282 El concepto de nacionalidad es moderno, aunque De Vitoria ya lo adelantara en su defensa de una primitiva nacionalidad en forma de ciudadanía.283 No obstante, el término nación del que deriva no es nuevo; deriva del latín natio (‘nacido’) y fue empleado anteriormente con distintas acepciones, aunque con un punto en común: siempre ha hecho referencia a colectivos de personas. Su primer uso fue peyorativo y servía para describir a grupos de extranjeros de una misma zona geográfica, y cuyo estatuto social era inferior al de los ciudadanos romanos. 281 DE LUCAS MARTÍN, J. (1996). Op. cit., pp. 22-25. WEIL, P. (2001). Access to Citizenship: A Comparison of Twenty-Five Nationality Laws. En ALEINKOFF, T. A. & KLUSMEYER, D. B. (eds.), Citizenship Today: Global Perspectives and Practices (págs. 17-35). Washington, DC: Carnegie Endowment for International Peace, p. 17. 283 DE VITORIA, F. (1946). Op. cit., pp. 87 y 92-93. 282 95

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