eran los ingenuos, llamados así para distinguirse de los libertos, esclavos manumitidos.254
No obstante, Roma permitió la concesión de la ciudadanía para los peregrini, desligando
así el concepto de ciudadanía de una etnia determinada, pero parece que fue más difícil
obtener la ciudadanía para un peregrino que para un esclavo, ya que las oportunidades
que tenían para obtener la ciudadanía a través de dichas concesiones por su contribución
a la ciudad o para sobornar a oficiales, la ruta más empleada para lograrla, eran menores
que la de la manumisión de aquellos.
A caballo entre la ciudadanía y la esclavitud, se trataba de personas que acudieron
habitualmente a Roma de forma voluntaria, pero carecían de una residencia asegurada y
podían ser expulsados, tanto individual como colectivamente.255 Cicerón alude a las
expulsiones de peregrini para denunciar que “prohibir a los peregrinos el uso de la ciudad
es inhumano”256. No obstante, hay autores que señalan la falta de pruebas de que aquello
resultara efectivamente en la expulsión de extranjeros de la ciudad, y que las únicas
deportaciones en masa se registrarían 300 años más tarde, como la del año 354 d. C., por
miedo a una hambruna. Lo que sí parece cierto es que los peregrinos siempre estuvieron
en riesgo de ser sometidos a ser expulsados de la ciudad, y la concesión de ciudadanía a
todos ellos a partir del año 212 d. C. no era una garantía frente a aquella, ya que las
expulsiones siguieron vigentes en el siglo IV d. C.; no obstante, las expulsiones solo se
emplearon en determinadas circunstancias (para combatir el comportamiento incívico de
ciertos grupos definidos por procedencia, religión u ocupación, o para contrarrestar los
efectos negativos de la escasez alimentaria), si bien probablemente no fueron llevadas a
cabo de manera eficiente y fueron temporales.257
La ciudadanía implicaba para su poseedor estar protegido por la ley romana, tanto en su
ámbito público como privado.258 En tiempos de la República, solo los ciudadanos
romanos podían ejercer, como derechos públicos, el derecho al sufragio activo y pasivo
254
Ibíd., p. 170.
NOY, D. (2000). Foreigners at Rome: Citizens and Strangers. Londres: Duckworth, pp. 24-25.
256
Ibíd., p. 38. Traducción del autor de este trabajo.
257
Ibíd., pp. 25, 38, 40 y 286.
258
HEATER, D. (2004). Op. cit., p. 31.
255
88
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