3. Evolución del concepto de ciudadanía: historia de una exclusión 3.1. Introducción La apatridia es tan antigua como el concepto de nacionalidad, pero la situación de vulnerabilidad de quienes hoy carecen de un vínculo jurídico-político con un Estado u organización política estable similar no es tan reciente. La historia de la apatridia es compleja, ya que surge como problema de gran magnitud por primera vez después de la Primera Guerra Mundial como consecuencia del desplazamiento masivo de personas y la creación de nuevos Estados, pero se trata de un elemento de exclusión que, si bien hoy requiere de la nacionalidad y de un Estado para operar, anteriormente se daba en otras circunstancias, por lo que, además de analizar la historia de la nacionalidad, nos aproximaremos al estudio de la ciudadanía como herramienta que desde la Antigüedad ha excluido a colectivos y personas individuales, y cuyas consecuencias se asemejan a las experimentadas hoy por las personas afectadas por la apatridia. Así, la nacionalidad es un mecanismo de exclusión que la DUDH pretende paliar mediante la garantía del derecho a una nacionalidad de todo ser humano. Arendt ya advirtió de la importancia de dicho instrumento como requisito del “derecho a tener derechos”, y de que las minorías se dieron cuenta de que debían ser naciones, es decir, tener una nacionalidad propia, para que se les reconocieran los derechos humanos, ya que no por ser humanas gozaban de ellos, sino que en tanto no fueran de una nacionalidad determinada, propia, quedaban excluidas.163 El instrumento de exclusión del que es consecuencia la apatridia ha existido en la historia con otros nombres, y aquí haremos un repaso a la figura de la ciudadanía. Esta es similar a la nacionalidad en cuanto a vínculo jurídico entre un individuo y un territorio, pero con una ciudad y no un Estado. La ciudadanía actual y la nacionalidad son herederas de las formas primitivas y medievales de ciudadanía; no obstante, la nacionalidad va más allá que aquella, como hemos visto en el apartado anterior: para ser nacional no se requiere ser ciudadano, pero para gozar de los beneficios de la ciudadanía, se necesita tener una nacionalidad. Sea como fuere, tanto 163 ARENDT, H. (2016). Op. cit., p. 420. 67

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